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Sexo en la Tercera Edad

Vivimos en una sociedad que ignora o incluso reprueba la faceta sexual de los mayores. Muchos ancianos aceptan esa norma no escrita del rechazo del amor y el sexo, escondiendo sus sentimientos sexuales y sus deseos a medida que envejecen.

¿PUEDO SEGUIR MANTENIENDO RELACIONES SEXUALES?
El envejecimiento no lleva por sí mismo al cese de la actividad sexual. Más bien ocurre que diferentes problemas médicos, psicológicos o sociales interfieren con la expresión normal de la sexualidad.
Los sentimientos, los deseos y las actividades sexuales están presentes a lo largo de todo el ciclo vital. Las relaciones íntimas humanas afirman la propia vida y son válidas a lo largo de toda la existencia, incluyendo la ancianidad.
Disfrutando de una buena salud y de una pareja con la que desee compartir sus momentos íntimos, los ancianos pueden retener tanto el deseo como la capacidad de hacer el amor, cada uno con sus peculiaridades, hasta el final de sus días, si es que así lo desean.
Cuando un anciano ha mantenido una relación sexual satisfactoria en su vida adulta hay menos probabilidades de que los cambios asociados al envejecimiento le afecten.

¿PERO QUÉ ME PASA? NO SOY EL MISMO QUE HACE AÑOS:
Evidentemente no. Con el paso de los años se van produciendo una serie de cambios en nuestro cuerpo que es importante que conozcamos.
En los hombres la erección se hace mucho más lenta, disminuyendo también el número de erecciones nocturnas involuntarias. Después de la eyaculación, una vez desaparecida la erección pueden pasar días antes de que sea posible obtener otra erección completa. La eyaculación se retrasa por lo que se reduce la posibilidad de eyaculación precoz.
En las mujeres la vagina se hace más corta y menos elástica y la mucosa más delgada y frágil, disminuye la capacidad de lubricación, haciendo que el coito pueda ser más doloroso, incluso produciéndose sangrado, y que aumente el riesgo de infecciones vaginales. Es menos frecuente alcanzar el orgasmo.
Pero también es cierto que todos estos cambios llegan a una edad en que la situación personal, social y afectiva de la mayoría de las personas se ha consolidado. En esta situación, y con el soporte de la madurez de las experiencias vividas, es posible lograr una adaptación más rica a estas modificaciones de nuestro cuerpo. El premio es la capacidad de obtener una creciente satisfacción en las relaciones íntimas.

EL AMBIENTE EN EL QUE VIVO NO ME AYUDA:
Vivimos en una sociedad que sobrevalora las ideas de Juventud, Vigor y Belleza; una sociedad que no es capaz de descubrir la belleza y la alegría de la madurez. En este ambiente algunas personas pueden llegar a avergonzarse de experimentar o sentir deseo sexual o de mostrar su propio cuerpo. Pero los mayores que tienen una percepción positiva de su cuerpo y de su pareja es más fácil que mantengan relaciones sexuales satisfactorias que aquellos que no las tienen.
El acceso a una pareja se va dificultando. Debido a la mayor longevidad de la población es cada vez más probable que nuestros ancianos se casen con parejas sexualmente incapaces; sobre todo las ancianas, que normalmente se vuelven a casar con ancianos de mayor edad, sin embargo en los ancianos no es tan raro el matrimonio con mujeres mucho más jóvenes.
No es fácil que el anciano tenga acceso a un ambiente adecuado de intimidad, sobre todo si viven con sus hijos o en Residencias geriátricas.

¿TODAS LAS ENFERMEDADES AFECTAN A MI SEXUALIDAD?
No todas las enfermedades disminuyen la capacidad sexual. La mala salud física o psíquica puede llevar a una disminución del deseo y a una alteración en la respuesta sexual, sobre todo las enfermedades que desfiguran el cuerpo o alteran negativamente la imagen corporal.
Enfermedades cardiovasculares: los ancianos con enfermedades del corazón no tienen que evitar las relaciones sexuales por pensar que ponen en riesgo su vida, sino acomodar sus relaciones al máximo posible sin que aparezca dolor en el pecho ni sensación de falta de aire. No hay mayor incidencia de muerte súbita durante el coito que en el resto de la población.
- Hipertensión arterial: Con una hipertensión leve o moderada no es necesario restringir las relaciones sexuales. Es necesario revisar los medicamentos que se toman para la tensión ya que muchos de ellos pueden disminuir el deseo sexual.
- Enfermedades neurológicas: En los mayores con Enfermedad cerebrovascular la actividad sexual no es causa de agravamiento de la enfermedad, la baja autoestima, los problemas de movilidad, de comunicación y la depresión frecuentes en estos pacientes alteran su vida sexual. En la Enfermedad de Parkinson no hay alteración de la sexualidad si los síntomas están controlados. En las Demencias pueden presentarse episodios de inhibición o de exaltación de la sexualidad.
- Enfermedades pulmonares: Las relaciones sexuales no se alteran por la propia enfermedad sino por la falta de aire, la mala oxigenación o algunos tratamientos como los corticoides.
- Enfermedades urológicas: Son más frecuentes las infecciones urinarias tras el coito. La insuficiencia renal crónica produce deterioro de la función sexual. La incontinencia urinaria no deteriora la función sexual, pero casi la mitad de los ancianos con incontinencia reconocen no mantener relaciones sexuales por la ansiedad y la incomodidad que supone el escape de orina no controlada durante el coito.
- Enfermedades Osteoarticulares: No disminuyen el deseo sexual, salvo por la toma de algunos tratamientos. El paciente debe buscar la situación más cómoda que no le produzca dolor.
- Enfermedades Metabólicas: En la Diabetes la disfunción sexual es muy elevada (65%), principalmente por las alteraciones circulatorias y de la transmisión nerviosa. Las alteraciones tiroideas también alteran la esfera sexual.
- Trastornos Afectivos: Uno de los síntomas de la Depresión es la dificultad para mantener relaciones personales y sexuales placenteras, algunos de los tratamientos empleados también disminuyen el deseo sexual.

¿TANTA PASTILLA NO PUEDE SER BUENA?
Es cierto que muchos medicamentos alteran la función sexual normal. La mayor parte de estos fármacos pueden ser igual de eficaces a dosis ligeramente inferiores y otras veces se puede cambiar a otro medicamento alternativo dentro del mismo grupo de tratamiento, que tenga los mismos beneficios, pero no los efectos secundarios sobre la función sexual. Consulte a su médico.

¿SE CONTAGIAN ENFERMEDADES POR EL SEXO?
La normalidad en las relaciones sexuales en el envejecimiento mantiene los mismos riesgos que tienen a cualquier edad respecto a las enfermedades de transmisión sexual, son las mismas, con los mismos mecanismos de transmisión y de prevención.

¿CÓMO DEBO ACTUAR?
La sexualidad debe vivirse en ésta época, como en todas, con comprensión y, lo que es más difícil, con aceptación. Integrando los cambios inevitables e incorporándolos a la actividad sexual de forma positiva, la frecuencia, el tiempo dedicado a las caricias y a la estimulación. Superando los condicionantes culturales, la aspiración de ver ancianos sin interés sexual, el "abuelito" que sólo lee el periódico y juega al tute, y la "abuelita" que sólo hace ganchillo y un bizcocho buenísimo.
La sensibilidad hacia los cambios del otro miembro de la pareja hará más satisfactoria para ambos la relación, dialogando y compartiendo las experiencias diarias, como a cualquier edad.

La sexualidad no debe interpretarse como rendimiento cuantitativo. La valoración de la cantidad de coitos o de orgasmos sólo es propia de la sexualidad inmadura. Aunque también conviene buscar la manera en que la actividad sexual coital sea tan satisfactoria como siempre, o más. Y para ello es fundamental el hablar de nuestras limitaciones con el médico que nos ayudará en el ajuste de los medicamentos que puedan ser modificados, en la solución de los problemas que sean solucionables. A veces es tan sencillo como una crema de estrógenos para lubrificar y vitalizar la mucosa vaginal de la mujer, y otros no tan sencillos desde la utilización de los últimos tratamientos farmacológicos como el Viagra y las inyecciones intracavernosas (siempre con valoración de su médico), hasta ayudas externas como las bombas de vacío y las prótesis. Siempre solicitar aclaración de todas nuestras dudas, sin ninguna vergüenza. Y, por supuesto, nunca…¡NUNCA! aceptar la frase "¿Y a su edad qué quiere…? 

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